Solo un psicópata o un imbécil puede dar “me divierte” ante las tragedias de otro

Solo un psicópata o un imbécil puede dar “me divierte” ante las tragedias de otro

No hay sutileza posible, ni otra forma de decirlo, el que se ríe de la muerte, del asesinato, de la desgracia ajena, no es ingenioso ni rebelde, es un despojo humano. Cuando alguien pone “me divierte” sobre la noticia de un niño asesinado o de una familia destrozada, lo que muestra no es humor, es su mierda interior expuesta sin pudor, ahí no hay ironía, ni sarcasmo, ni ninguna coartada de redes sociales, eso es psicopatía o imbecilidad ¡punto!

El psicópata lo hace porque goza con el dolor ajeno, porque no siente empatía y porque su placer es ver al mundo hundirse. El imbécil lo hace porque no entiende nada, porque su cerebro reducido confunde tragedia con meme y cree que reírse lo hace gracioso, pero los dos son basura, ambos son enemigos de la vida.

Al darle “me divierte” a una tragedia, lo que hacen es escupir sobre el cadáver, bailar sobre la sangre, burlarse del sufrimiento de otros que podrían ser ellos mismos mañana y aunque el clic dure un segundo, el veneno que siembra es permanente, porque convierte la crueldad en normalidad, la convierte en juego.
No hay defensa para eso. No es “libertad de expresión”, no es “humor negro”, no es “solo un emoji”, es la señal inequívoca de que estás frente a un imbécil absoluto o un psicópata en potencia. Y si de verdad hubiera justicia social, esa gente no debería andar riéndose detrás de una pantalla, debería estar señalada, expulsada, aislada de la comunidad como lo que son… una plaga.

Porque lo verdaderamente escalofriante no es que existan imbéciles y psicópatas, sino que son mayoría en ciertos espacios digitales, en manada se aplauden entre ellos, se validan, convierten la crueldad en un código compartido, esa normalización es lo que pudre cualquier noción de humanidad que nos quedaba. Si antes los asesinos necesitaban un arma, ahora basta con un clic para dejar claro que disfrutan de la caída de otros y lo hacen con orgullo, como si la estupidez o la maldad fueran una medalla.

Esos “me divierte” son la risa idiota del que nunca entendió lo que significa perder a alguien, la carcajada hueca del que jamás ha sentido el frío de una morgue, el vacío de una silla vacía en la mesa. Quien se ríe de la tragedia de otro es incapaz de ver más allá de su ombligo, es un animal sin código, un desecho humano que se esconde en el anonimato de la pantalla para mostrar lo que realmente es, basura con WiFi.

Y sí, puede sonar brutal, pero hay que decirlo: cada clic de esos es una bofetada a las víctimas, un escupitajo en la cara de las familias, una demostración de que la idiotez y la maldad gozan de buena salud en este mundo digital. Lo que debería ser vergüenza pública se convirtió en entretenimiento y si no lo paramos, lo que sigue es peor, generaciones de idiotas que crecerán creyendo que la tragedia es un chiste, que la muerte es un meme, que el dolor ajeno es combustible para la risa.

Los psicópatas disfrutan, los imbéciles aplauden, y entre ambos sostienen una cultura de mierda donde reírse del sufrimiento es aceptable. Ese es el verdadero cáncer de nuestra época, no los muertos, no las tragedias, sino los vivos que se divierten con ellas.

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