
Canadá, Reino Unido y otros reconocen a Palestina como Estado, pero la guerra continúa
Varias potencias occidentales han reconocido de manera oficial el Estado de Palestina el 21 de septiembre de 2025, un paso que, aunque principalmente simbólico, refleja un giro significativo en la política internacional y podría abrir nuevas avenidas diplomáticas.
Canadá se convirtió en el primer miembro del G7 en reconocer la soberanía palestina, al anunciar el primer ministro Mark Carney que Ottawa apoyaría “un futuro de paz para el Estado de Palestina y el Estado de Israel” al mismo nivel. Horas antes, el Reino Unido, encabezado por Keir Starmer, formalizó su reconocimiento, argumentando que la medida “restituye la esperanza de una solución de dos estados” y responde al agravamiento de la crisis humanitaria en Gaza. Australia se sumó inmediatamente, con Anthony Albanese declarando que reconocía “la independencia y soberanía del Estado de Palestina” como parte de un esfuerzo colectivo para relanzar el proceso de paz.

En coordinación con estas tres economías, Portugal anunció su reconocimiento el mismo domingo, tras 15 años de debate parlamentario. Francia, Bélgica, Luxemburgo, Malta y Nueva Zelanda también confirmaron su intención de seguir este ejemplo durante la Asamblea General de la ONU. Andorra y San Marino, aunque no pertenecen a la UE, señalaron que se alinearían con esta oleada de reconocimientos.
¿Qué implica este reconocimiento? Legalmente, fortalece la posición de Palestina en negociaciones internacionales y le permite firmar tratados bilaterales con estos Estados, facilitando acuerdos de cooperación económica, cultural y de seguridad. A nivel diplomático, los embajadores palestinos pasan de “observadores” a interlocutores plenos en muchos foros multilaterales. Sin embargo, este gesto no equivale a un pasaporte inmediato para la compra de armamento ni la creación de un ejército convencional; esos temas dependen de otros convenios internacionales, de la voluntad de respetar embargos y de la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, donde EE. UU. aún mantiene veto.
Políticamente, el reconocimiento debilita el aislamiento de Palestina y ejerce presión sobre Israel y Estados Unidos, que han tildado la medida de “premio a Hamas” y “teatro político”. Los defensores de Palestina creen que este paso puede reequilibrar el diálogo y obligar a adoptar sanciones o embargos más drásticos contra Israel si persisten las violaciones al derecho internacional.
En el terreno, la medida no detendrá de inmediato la guerra ni los ataques en Gaza, donde la crisis humanitaria sigue agravándose. No obstante, coloca a más de 147 países —el 75% de los miembros de la ONU— en la misma línea de reconocimiento y consolida la narrativa de que solo una Palestina reconocida plenamente podrá aspirar a la paz. ¿Logrará este reconocimiento convertir la esperanza en un Estado viable, o quedará simplemente como un acto simbólico más en la interminable saga del conflicto?
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, respondió con contundencia tras el reconocimiento de Palestina como Estado por parte de Reino Unido, Canadá y Australia: “No habrá un Estado palestino al oeste del río Jordán”. En un vídeo difundido este domingo, Netanyahu afirmó que esta decisión es una “gran recompensa al terrorismo” y anunció que Israel prepara una “respuesta” formal a estos reconocimientos que será dada a conocer la próxima semana durante su regreso a la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Además, Netanyahu y varios de sus ministros más radicales han prometido intensificar la expansión de los asentamientos en Cisjordania y consideran incluso la anexión total de estos territorios como represalia. El mensaje para los más de 150 países que han reconocido a Palestina es claro: la declaración internacional no cambia la política israelí y, según Netanyahu, “eso no sucederá” bajo su gobierno.
