
El incendio como metáfora, la utopía de la democratización: La obra “Una noche encendida” de Nelson Moncada
Por: Felipe Szarruk
El arte de democratizar la creación, así podríamos definir la nueva exposición del artista Nelson Moncada, oriundo de Pamplona, Norte de Santander, quien es uno de los artistas plásticos y visuales colombianos más relevantes de las últimas tres décadas. Formado en el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Cúcuta y en la Universidad de Pamplona, Moncada ha construido una carrera de notable volumen y solidez, con distinciones recibidas tanto en su país como internacionalmente, destacando sus participaciones en Nueva York con el Colectivo de Artistas de New Jersey y en Basel, Suiza.
Su actual exposición “Una noche encendida”, inaugurada el 19 de noviembre y abierta hasta el 30 de noviembre en la Casa Santander de Bogotá, es fiel reflejo de la madurez creativa del artista. Son 52 piezas elaboradas en óleo sobre papel, cartón industrial y lienzos de distintos formatos, que pertenecen a la producción de Moncada durante el año 2025. La muestra navega entre paisajes incendiados, incendios forestales tratados con contrastes luminosos envolventes y la inquietante aparición de objetos voladores no identificados, expandiendo la narrativa hacia una abstracción pura… espatulazos vigorosos y grandes masas cromáticas que seducen la mirada del espectador, invitándolo a una travesía emocional marcada por la tensión y la ansiedad.
En una vuelta de tuerca rupturista y accesible, Moncada decidió fijar el precio de cada obra en un salario mínimo legal vigente, materializando un gesto democratizador pocas veces visto en el mercado del arte colombiano. El objetivo, según el artista, es acercar la adquisición de arte a públicos más amplios, incentivando el gusto por el coleccionismo y ampliando la circulación del arte contemporáneo.
El montaje estuvo a cargo del artista Carlos Javier Medina y el texto curatorial es obra del crítico colombiano Eduardo Serrano, aportando una mirada experta y profunda al alcance conceptual de la exposición. La Casa Santander, ubicada en el barrio La Merced (carrera 5a #35-39, Parque Nacional), se convierte así en el escenario de un evento que dialoga con la sensibilidad nacional y global del arte, proponiendo un horizonte más abierto y horizontal para el acceso, participación y disfrute de la creación contemporánea.
Con esta secuencia, Nelson Moncada confirma su posición como un puente entre lo local y lo internacional, entre la energía cruda de la pintura y el impulso humanista de transformar el arte en patrimonio colectivo. La exposición, testamento de un año fértil y audaz, puede visitarse hasta el 30 de noviembre —una cita imperdible para los amantes y curiosos del arte mundial.



“Incendios, vuelos y utopía: Nelson Moncada y el arte de comprar la emoción a precio de salario mínimo”
Respecto a la obra, el artista irrumpe como un alquimista de lo luminoso y lo inquietante, proponiendo una poética visual incendiaria —literal y simbólica— que interpela el presente sin concesiones.
Los cuadros rechazan la comodidad del arte objetual y abren el territorio a la experimentación matérica y conceptual. Desde el primer vistazo, los paisajes de Moncada seducen y desconciertan; paisajes ardidos, atmósferas saturadas de luz crepuscular y restos de incendios, donde la naturaleza y lo humano han sido sometidos al poder transformador del fuego. Lejos de buscar respuestas fáciles, su pintura es interpelación y desasosiego, invitando a enfrentar nuestra relación ambivalente con la destrucción y el renacimiento.
Los contrastes tonales y la energía del gesto evocan la abstracción lírica de los grandes renovadores europeos, pero es la presencia local, la huella del trópico y el pulso nortesantandereano, quien confiere a esta serie su voz indiscutible, ha desplazado la figuración hacia escenarios híbridos con objetos voladores no identificados, superhéroes y personajes del cómic decapitados aparecen entre las llamas, transgrediendo la frontera entre lo real y lo fantástico, para hablar de los miedos, las esperanzas y ansiedades colectivas postpandemia.
“Una noche encendida” trasciende la coyuntura y se instala, por derecho propio, entre las propuestas más poderosas del arte colombiano reciente. Es un canto a la belleza desconcertante del desastre y al potencial utópico de un gesto democrático auténtico. Quien visite la Casa Santander en noviembre no solo verá pintura: asistirá a la posibilidad real de coleccionar emociones, incendios y vuelos soñados, al precio más simbólico de todos: el de una jornada laboral.
Visítela hasta el 30 de noviembre en Casa Santander (La Merced, carrera 5a n.° 35-39, Parque Nacional, Bogotá). Arte para todos, emoción para todos, y para siempre.
