Como los colombianos no tienen memoria, este domingo van a ir a respirar hondo y elegir entre tres heridas abiertas, un heredero de Petro sin plan claro, que ha hablado al igual que él de un paraíso, pero no vemos que lo sea, de hecho el país está acabado… un abogado que amenaza periodistas, les muestra la verga, se cree matón y una uribista que quiere fumigar hasta las ideas y se agarra con su vicepresidente. Felicitaciones. Usted va a elegir quién le pone la firma al acta de defunción de este país por cuatrienio número 75 desde la independencia, seguimos y seguiremos siendo la patria boba, por no decir pendeja.

Colombia lleva 300 años perdiendo… Cada cuatro años aparece un mesías con peinado nuevo y el mismo discurso viejo. Llegan, prometen, roban (unos más, otros menos), matan (unos con fusil, otros con decreto) y se van. El país queda peor. Y esta vez no será la excepción. Hágame un favor, no se deje engañar por las encuestas. Mire las tripas de los tres candidatos con opciones reales. Porque ahí es donde se ve el fondo del pozo.

Iván Cepeda es el nieto de un mito que no tiene casa propia, el candidato del Pacto Histórico tiene un problema de origen, él no es Petro. Pero su campaña entera es una transfusión de sangre petrista. El mismo presidente en funciones le hace la campaña, según admitió la propia Registraduría. Eso significa que Cepeda no puede criticar el desastre actual sin cortarse la pierna. Y qué desastre, la “Paz Total” dejó más muertos que diálogos. El Catatumbo es un campo minado humano. el sur de Bolívar está en manos del ELN, el sistema de salud es ruinas, estamos muy jodidos y sin embargo, sigue siendo una de las mejores opciones… Calculen.

Cepeda promete repartir un millón de hectáreas y ampliar a 5 millones los adultos mayores con subsidios. ¿Con qué plata? El déficit fiscal de 2026 ya roza el 7% del PIB. No lo dice en sus vallas. Tampoco dice cómo va a negociar con grupos armados sin repetir el error de Petro que fue sentarse con criminales mientras siguen reclutando niños. Su programa es una “declaración de buenas intenciones sin mecanismos” (Dijo un medio que no es muy creíble, como casi todos los medios de esta finca) Cepeda no es malo. Es inocente. Y la inocencia, en este país, es un lujo criminal.

Abelardo de la Espriella es el toro bravito que se cree domador, pero solo sabe romper la plaza. Este señor se autodenomina “el Tigre”. La prensa colombiana lo conoce por otro nombre, el demandante serial. Entre 2008 y 2019, De la Espriella interpuso 109 denuncias penales contra periodistas por injuria y calumnia, según la Fundación para la Libertad de Prensa. ¿El resultado? Cero condenas a periodistas. Pero sí logró lo que quería… meterles miedo. Ese es su método, un autócrata, un egocéntrico, un personaje de caricatura.

En campaña, llamó “ignorante” a la periodista María Lucía Fernández y le dijo que hacía preguntas “con veneno”. Luego, en una radio, hizo un comentario sexual sobre una presentadora. De la Espriella no es un líder, es un patrón de bullying que quiere imitar a todos los fracasos de la derecha 2.0.

Su plan económico es un delirio, reducir el gasto público en 40%. Eso significa despedir a cientos de miles de funcionarios públicos. Él cree que el sector privado los va a absorber, como si Colombia fuera Singapur. También dice que eliminará el Sisbén y lo cruzará con la DIAN para dar subsidios solo a quienes no tengan ingresos. Suena bonito en TikTok. En la vida real, los más pobres, los que no saben hacer un trámite digital, sencillamente se quedan sin comer. La Registraduría ya le tumbó el 62% de las firmas, sus cifras nunca dan.

Paloma Valencia es la versión 2026 del eterno retorno uribista. La candidata del Centro Democrático tiene un manual que ya leímos, fumigación aérea con glifosato, 30.000 soldados más, 30.000 policías más y bajar impuestos a los ricos. Lo dijo en su plan de gobierno publicado el 12 de abril. El glifosato fue declarado dañino por la OMS y la propia Corte Constitucional lo frenó en 2015. Pero Valencia insiste. Porque el problema de Colombia, según ella, no es la falta de tierra ni la desigualdad, sino que no hay suficientes fusiles.

Económicamente, propone reducir el impuesto de renta empresarial y eliminar el impuesto al patrimonio. Es decir, menos plata para colegios, hospitales y vías, y más plata para los bolsillos de los dueños de las empresas. Mientras tanto, la clase media y pobre seguirán pagando IVA en todo. Es la receta de Uribe, que en 8 años no logró bajar la pobreza del 45% al 30% (se quedó en 38%, según el DANE). Lo mismo de siempre, con el mismo resultado.

¿Y los otros? Ni se moleste.

Sergio Fajardo va en su tercera candidatura. Su discurso centrista suena a conferencia TED Talk sin aplausos. Claudia López, la exalcaldesa, no consiguió ni las firmas, la Registraduría le anuló la mitad. Roy Barreras es la definición del camaleón, fue uribista, luego petrista y ahora quiere ser el “centro”. En la misma semana en que lanzó su candidatura, también presentó su lista al Senado. Eso es querer pescar con dos cañas en el mismo río sucio.

El fondo del problema es que usted no tiene por quién votar, pero tiene que votar. Pero todos son una miseria y esa es la realidad que duele y que nadie se atreve a decir, no tenemos un líder, no tenemos gente que pueda lidiar con este bar llamado Colombia, con esta finca de terratenientes y asesinos, Colombia es y seguirá siendo una letrina sin fondo en donde los ricos y torcidos siguen ganado y los demás “Dios prooverá” pero todos juran que esto es un paraíso y que ya viene el mesías que los salvará.

Mientras usted lee esto, los grupos armados están decidiendo quién les conviene más. En el Catatumbo, en el Bajo Cauca, en el sur de Bolívar, los comandantes ven las elecciones como un trámite. Saben que ninguno de los tres va a desmontar el negocio de la coca ni va a procesarlos. El ELN ya dijo por boca de sus comunicados de marzo de 2026, que “esperan respeto” del próximo gobierno. Traducción… que no los molesten.

El 31 de mayo usted va a elegir entre un continuismo tímido, un bully con machete o un pasado que nunca funcionó. Es como si en un incendio le ofrecieran tres extintores, uno vacío, otro roto y el tercero lleno de gasolina.
Colombia lleva 300 años perdiendo porque cada cuatro años le vendemos la misma historia: “este sí es el bueno” y nunca lo es. Los mesías no han servido. Nunca sirvieron. Por eso, gane quien gane el domingo, el lunes 1 de junio usted va a despertar con el mismo país, violento, desigual y con la política hecha una alcantarilla. Usted no va a perder. Nosotros ya perdimos hace rato.

Ni vale la pena molestarse.

Nota del redactor: Este artículo se basa en los siguientes documentos públicos, todos accesibles entre enero y mayo de 2026:
Registraduría Nacional, informe de acompañamiento a campañas (marzo 2026).
“El programa de Cepeda: un esqueleto sin músculo”, 15-feb-2026.
Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), “109 denuncias de De la Espriella contra periodistas”, informe 2025.
Declaraciones de Juan Daniel Oviedo en W Radio, 3-mayo-2026.
Registraduría, resolución de firmas invalidadas para De la Espriella, 11-abr-2026.
Plan de gobierno de Paloma Valencia, capítulo “Seguridad y economía”, publicado en su sitio web el 12-abr-2026.
Registraduría, reporte de avales para Claudia López, 2-mar-2026.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You May Also Like

No hagan caso a los críticos, “The Mandalorian and Grogu” es excelente

Ya es hora de algunos paren… paren esa soberbia intelectual que nos…

Esto es todo lo que hemos vivido los que ahora tenemos 50

Nacimos cuando el mundo todavía olía a humo, a petróleo, a esperanza,…

Marta Traba y el canon que se construye en la intimidad

En los círculos del arte colombiano circula una historia que nunca será…